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Como en casa de un amigo

por | 9/05/2020 | Crítica

El nombre de Juan Pérez Floristán suena cada vez con más fuerza en nuestro panorama musical. Desde que en 2015 ganara el Santander, su carrera no ha hecho más que afianzarse y ganar altura. En la pasada temporada actuó en los célebres Proms, y también en el ciclo Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo, compartiendo cartel con algunos pianistas cuya trayectoria es mucho más larga y sólida. Pérez Floristán ha venido para quedarse, y se ha ganado un lugar en el corazón del público y de buena parte de la crítica. Ayer día 8 de mayo, el festival Música en Segura convocaba a su público a un recital online del joven pianista sevillano, en el que interpretó la sonata Op. 57 en fa menor de Beethoven y el primero de los Mephisto-Walzer de Franz Liszt. Con su habitual desparpajo, Pérez Floristán anotó algunas características de ambas partituras para facilitar la escucha, lo que casi siempre es de agradecer para el público menos especialista.

Qué duda cabe de que la Op. 57 es una de las grandes sonatas de Beethoven. Como bien apuntaba Pérez Floristán durante la breve explicación que ofreció al público antes de interpretar la partitura, la conocida como «Appassionata» se desarrolla a partir de células motívicas realmente pequeñas. Ahí radica, precisamente, parte de la grandeza del de Bonn: la capacidad de crear obras de gran calado a partir de materiales minúsculos. La lectura del sevillano tuvo momentos muy acertados y que, en cierto modo, me reafirman en mis propias convicciones acerca de cómo deben interpretarse estas obras. Comenzó con cierta frialdad, pero poco a poco fue encontrando la «velocidad de crucero» y, en consecuencia, su sonido se volvió mucho más noble. Con pulso flexible, ágil pero sin convertirlo en una cabalgada salvaje, el primer movimiento fue bastante orgánico. Es evidente que Pérez Floristán tiene imaginación para interpretar y que no le preocupa el fallo mecánico con tal de defender su versión, lo cual le honra como músico. Por desgracia, estos recitales online —que son la única forma que tenemos de mantener en movimiento la rueda cultural y evitar que se detenga del todo— no son sino un sucedáneo de la experiencia del directo, y las limitaciones técnicas de equipo audiovisual —por no hablar de los pianos de estudio, que no pueden sustituir a un gran cola de concierto— hacen que nos llegue solo un pequeño porcentaje de lo que sucede en la realidad. No obstante, fue posible disfrutar de un segundo movimiento muy dulce, en el que el joven pianista hizo emerger algunas voces intermedias con gran acierto y gestionó el pulso sabiamente. El tercero, por su parte, fue intenso y trepidante, técnicamente muy bien resuelto y con un plan musical hábilmente trazado.

El primero de los Mephisto-Walzer es obra bien conocida y caballo de batalla de pianistas que desean mostrar sus dedos. Una partitura como esta solo podía haber sido alumbrada por una mente diabólica, la misma capaz de traer al mundo la monumental Sonata en si menor o los Estudios de ejecución trascendente. Claramente no es el Liszt de las Armonías poéticas y religiosas, pero tiene un carácter especial que atrae a todo público que no busque únicamente la exhibición: Liszt era, además de un virtuoso, un gran músico con muchas ideas y unos medios casi infinitos para plasmarlas en sus creaciones. La lectura de Pérez Floristán fue frenética, vertiginosa, desenvuelta y, desde luego, muy representativa de lo que este pianista puede llegar a hacer. 

Pese al agridulce sabor de los inconvenientes técnicos —y eso que el sevillano tiene recursos para hacer estas cosas con solvencia: varias cámaras, buena iluminación, un sonido decente— mereció la pena escuchar Juan Pérez Floristán en concierto desde su estudio. Siempre me ha producido una placentera sensación entrar en casa de un amigo músico y escucharle tocar en un entorno íntimo; este tipo de concierto es lo más parecido a esa experiencia, y si encima es Juan Pérez Floristán quien está al piano, está asegurado el disfrute.

Fotografía: ©Mario Marzo

Soy pianista y profesor de conservatorio en la Comunidad de Madrid. Tras haber escrito durante algunos años en diferentes medios especializados he creado ESPACIO AREZZO, un blog en el que publico crítica, artículos de opinión y monografías, además de breves textos en clave de ensayo. Soy también productor audiovisual y técnico de sonido. En 2019 se estrenó mi primer largometraje documental y estoy en fase de producir el segundo.  Compagino mi trabajo en la docencia con la crítica y el mundo audiovisual. Álvaro Menéndez Granda

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