De color y tensión

por | 18/02/2020 | Crítica

Madrid. Auditorio Nacional de Música. 16 de febrero de 2020.
Juan de la Rubia, órgano. Orquesta Nacional de España. Director: Diego Martín-Etxebarria. Obras de Olivier Messiaen, Fernando Buide y Paul Dukas.

El órgano es uno de mis instrumentos predilectos. No soy organista, pero he dedicado a esta poderosa máquina mucho trabajo. No me considero un completo ignorante en materia de tubos, registros y pedales, y por eso no podía perderme un estreno como el que se ha vivido estos días 14, 15 y 16 de febrero de 2020 en el Auditorio Nacional de Música. Uno de nuestros más brillantes organistas, Juan de la Rubia, fue el encargado de sentarse al órgano Grenzing de la sala sinfónica del auditorio para estrenar, junto con la Orquesta Nacional de España, el concierto para órgano y orquesta del compositor compostelano Fernando Buide del Real. Y al frente de la ONE, Diego Martín-Etxebarría.

Además del estreno absoluto de Buide, el programa incluía dos obras poco frecuentadas en nuestros escenarios: el «Hymne pour grand orchestre» de Olivier Messiaen y la «Sinfonía» en do de Paul Dukas. La obra de Messiaen abría la velada y lo hacía poniendo a la ONE en la difícil tesitura de responder a los requisitos técnicos y sonoros que exige el texto. Se trata de una página en la que la textura es el elemento predominante, y su paulatina transformación es la que progresivamente define la estructura de la obra. A lo largo de los quince minutos que dura, la obra se mantiene casi siempre en el espectro tímbrico más agudo. La ONE respondió sabiamente ante el texto del francés ofreciendo una lectura contenida pero no exenta de calidez.

Conciertos para órgano y orquesta no hay demasiados. Me vienen a la cabeza el de Poulenc y los de Rheinberger. Seguramente hay más, pero en cualquier caso no forman parte del repertorio habitual de solistas y orquestas. El de Fernando Buide del Real contribuye a hacer crecer una familia no muy numerosa, y lo hace además con un gran sentido de la forma y del espíritu concertante. La partitura posee una gran fuerza expresiva y juega constantemente con la textura, la tensión y el color orquestal, además de exprimir las posibilidades del instrumento solista. No es una obra en la que el órgano caiga en un virtuosismo vacío, con deslumbrantes semifusas en el pedal o similares anzuelos con cebo para públicos no avisados. Hay aquí un virtuosismo mucho más oculto, pero mucho más impactante, que reside en la habilidad de combinarse con una orquesta que no siempre ofrece referencias claras y que se mueve por patrones texturales más que rítmicos. Sin duda una obra valiosa e importante que merece ser programada con regularidad.

Tras el descanso, llegó el turno de la poco conocida «Sinfonía» en do de Dukas, una partitura que reconozco no haber escuchado antes. Cabe destacar la fuerza rítmica de los movimientos extremos y la calidez del movimiento central, muy bien expuesto por los maestros de la ONE y cuyo momento culminante llegó en el precioso solo de violonchelo, bellamente dibujado por el primer chelista Ángel Luis Quintana. Se entiende, no obstante, por qué la obra no ocupa un lugar destacado en el repertorio sinfónico. La partitura —y esto se percibe con una sola escucha— entraña una enorme complejidad técnica que finalmente no se traduce en una brillantez o expresividad especialmente destacables. No cabe duda de que el texto de Dukas es excelente, pero creo que hay que ser un gran aficionado a la música sinfónica para apreciar esta obra, y probablemente no todo el mundo pueda hacerlo con la profundidad que exige la sinfonía. En todo momento Martín-Etxebarría dirigió con gesto no muy amplio y de manera correcta, aunque sin especiales brillos.

Sin duda el punto fuerte de la velada fue el estreno del fantástico Concierto para órgano y orquesta de Buide, que espero pase pronto a formar parte del repertorio habitual de los intérpretes. Se trata de una obra que merece un estudio atento y cuyas posibilidades tímbricas ofrecen mucho juego —incluso cuando no se dispone de un Rolls-Royce como el Grenzing del Auditorio Nacional— a un solista hábil. Si no tuvieron ocasión de presenciar el estreno o de escucharlo a través de Radio Clásica, les recomiendo que no cometan el error de perder cualquier nueva oportunidad que se presente en un futuro. Valdrá la pena.

Fotografía: © Igor Studio

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Álvaro Menéndez Granda

Soy pianista y profesor de conservatorio en la Comunidad de Madrid.  Tras haber escrito durante algunos años en diferentes medios especializados he creado ESPACIOAREZZO, un blog en el que publico crítica, artículos de opinión y monografías, además de breves textos en clave de ensayo. Soy también productor audiovisual y técnico de sonido. En 2019 se estrenó mi primer largometraje documental y estoy en fase de producir el segundo.  Compagino mi trabajo en la docencia con la crítica y el mundo audiovisual.

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